El Gobierno solicitó a las eléctricas y la gran industria presionar a Feijóo para prevenir el perjuicio económico de derogar el decreto

https://e00-elmundo.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2025/07/22/17532109975070.jpg

En medio de un complejo escenario legislativo, el Gobierno central recurrió a representantes de las principales compañías eléctricas y de sectores industriales estratégicos para intentar asegurar la aprobación de un decreto que considera fundamental para la estabilidad económica del país. La medida, que se encuentra en la antesala de una votación parlamentaria clave, ha generado tensiones políticas y empresariales debido a sus implicaciones en áreas como la energía, el transporte y las ayudas sociales.

Según fuentes vinculadas al proceso, el Ejecutivo solicitó a directivos de grandes empresas que ejercieran presión sobre algunos líderes de la oposición, particularmente sobre el principal partido de centro-derecha, con el objetivo de disuadirlos de bloquear el decreto. La preocupación radicaba en que un eventual rechazo del paquete normativo provocara efectos adversos inmediatos en el mercado energético, en los compromisos medioambientales asumidos por el país, y en la percepción de estabilidad política ante los inversores.

El texto del decreto abarca la extensión de medidas relacionadas con el respaldo social implementado en los períodos más difíciles de la pandemia, junto con modificaciones en los precios de la electricidad y ayudas al transporte público. También incluye lineamientos sobre la planificación de infraestructuras y políticas industriales a mediano plazo. La aprobación de este documento es vista como esencial para mantener el rumbo económico del Gobierno en los próximos meses, particularmente en un escenario de incertidumbre global.

Varias de las principales compañías eléctricas y actores destacados de las industrias siderúrgica, química y automotriz estarían entre las firmas contactadas. Se buscaba crear una unidad de presión común desde el sector empresarial, destacando los costos que un bloqueo institucional a las políticas vigentes podría conllevar, especialmente en lo que se refiere al sector energético, que está en proceso de adoptar modelos más sostenibles.

Desde la oposición, algunas voces interpretaron este movimiento como una maniobra impropia por parte del Ejecutivo, al considerar que el intento de involucrar a actores empresariales en decisiones parlamentarias podría erosionar el equilibrio institucional y afectar la independencia del Legislativo. A pesar de ello, también se registraron posturas más moderadas que no descartaban una eventual abstención o el respaldo parcial al decreto si se introducían ciertos ajustes de forma o contenido.

En paralelo, sectores del empresariado mostraron preocupación por el rumbo de la discusión parlamentaria, señalando que un eventual rechazo del decreto introduciría un factor de inestabilidad que podría afectar la inversión y frenar proyectos en curso. También hubo quienes señalaron que las medidas contenidas en el texto legal beneficiaban directamente a la competitividad del país, al ofrecer mayor previsibilidad en materia de costos energéticos y acceso a transporte subvencionado para los trabajadores.

El Gobierno, mientras tanto, no ha confirmado oficialmente los contactos, aunque ha sostenido que mantiene una comunicación continua con todos los sectores productivos para asegurar que las políticas públicas se alineen con las necesidades reales del país. Asimismo, ha subrayado que el decreto no debe ser visto como una herramienta partidista, sino como un mecanismo para continuar con medidas previamente acordadas y apoyadas por una gran parte del entramado social y económico.

El sufragio del decreto emerge como un test de poder en el Parlamento. La división de la cámara obliga al Ejecutivo a dialogar con diversos grupos, en una situación donde las alianzas no están garantizadas y cada sufragio es crucial. A la par, las conversaciones prosiguen en los corredores políticos y en las oficinas de las grandes corporaciones, donde el destino del decreto se disputa tanto en términos institucionales como corporativos.

Por Maria Fernanda Lara